MÁS ALLÁ DE LA PANTALLA: EL RETO DE RECUPERAR LA PRESENCIA EN LA CRIANZA DIGITAL

ENTREVISTA

La Lic. Alejandra Villa González, psicóloga y jefa del Gabinete Psicopedagógico del Colegio Mayor Santo Tomás de Aquino, analiza cómo el uso de pantallas influye en la conducta, el aprendizaje, el descanso y la convivencia de los menores. Desde su experiencia profesional y también como madre, plantea una idea central: la tecnología no debe prohibirse por completo, pero sí necesita límites, acompañamiento y presencia adulta.

La presencia de celulares, tabletas, videojuegos y redes sociales en la vida de los menores ya no es una excepción. Forma parte de la rutina familiar, escolar y social. Sin embargo, cuando su uso no tiene límites ni supervisión, puede convertirse en un factor que afecta la atención, el sueño, la conducta y el rendimiento académico.

Para comprender mejor este fenómeno, conversamos con la Lic. Alejandra Villa González, psicóloga y jefa del Gabinete Psicopedagógico del Colegio Mayor Santo Tomás de Aquino. Su mirada combina la experiencia profesional dentro del ámbito educativo con una dimensión personal: también es madre y enfrenta en casa el desafío de regular el uso de pantallas con sus hijos.

A lo largo de la entrevista, Villa plantea que el problema no está únicamente en la tecnología, sino en la falta de acompañamiento adulto. Su mensaje es claro: los padres no deben tener miedo de poner límites.

Richard Osinaga Muñoz (ROM): Para iniciar, ¿podría presentarse mencionando su formación, cargo actual y sus principales funciones dentro del colegio?

Alejandra Villa González (AVG): Mi nombre es Alejandra Villa González, tengo 38 años y soy psicóloga de profesión. Actualmente me desempeño como jefa del Gabinete Psicopedagógico del Colegio Mayor Santo Tomás de Aquino, donde ya cumplo 15 años de trabajo.

Mis funciones son diversas. Trabajo en orientación vocacional con estudiantes de los últimos años de secundaria, realizo consejería para alumnos y familias, y participo en reuniones para resolver dificultades académicas, disciplinarias o de otra índole. También desarrollamos talleres mensuales enfocados en problemáticas específicas de cada edad y soy responsable de la Escuela de Padres, donde abordamos temas importantes para fortalecer la crianza.

ROM: Desde su experiencia en el gabinete psicopedagógico, ¿qué cambios ha observado en los estudiantes respecto al uso de pantallas en los últimos años?

AVG: He observado cambios muy significativos, sobre todo después de la pandemia. Algo que nos llamó mucho la atención fue la diferencia entre primaria y secundaria.

Los estudiantes más grandes regresaron con muchas ganas de compartir al aire libre, jugar pelota y conversar. En cierta forma, se cansaron de las pantallas. En cambio, los niños de primaria volvieron más agresivos, más instintivos y con menos control sobre sus emociones. Tuvimos muchos casos de niños que peleaban con sus compañeros o respondían de forma inapropiada.

El cerebro de un niño pequeño no está preparado biológicamente para procesar estímulos digitales tan rápidos de la misma manera que un adulto. Por eso, cuando no existe regulación, se pueden ver consecuencias en su conducta y en su forma de relacionarse.

ROM: ¿El uso de celulares, tabletas, videojuegos o televisión aparece como una preocupación frecuente entre padres y docentes?

AVG: Sí, es una preocupación constante. Muchas veces los padres no saben cómo poner límites o desconocen cuán dañino puede ser el uso excesivo de pantallas.

Existe una especie de lucha entre colegio y familia. Algunos padres piden que el colegio se haga cargo de prohibir el celular en clases o recreos, mientras que los docentes piden a los padres que supervisen las redes sociales, los contenidos y el tiempo de uso en casa.

Por eso, este año el colegio implementó la prohibición de celulares y tabletas en todo el nivel primario. Aunque al principio puede generar malestar en algunos, los beneficios son mayores, porque los niños recuperan tiempo para compartir, jugar, resolver problemas y relacionarse cara a cara.

ROM: ¿Cuáles son las principales señales que pueden indicar que un niño está teniendo un uso excesivo o poco saludable de pantallas?

AVG: Hay señales físicas que se ven con facilidad. Por ejemplo, estudiantes ojerosos, somnolientos, que bostezan todo el tiempo o incluso se duermen en clase.

Pero también hay señales emocionales y conductuales: irritabilidad, poca paciencia, falta de ánimo, dificultades para concentrarse o poco interés por socializar con sus compañeros. A veces el niño parece estar perdido, no comprende lo que se explica en clase o no logra sostener la atención durante una actividad.

Estas señales deben alertar a los padres y docentes, porque pueden estar mostrando que el uso de pantallas ya está afectando su rutina diaria.

ROM: ¿Cómo puede influir el uso excesivo de pantallas en la atención y la concentración dentro del aula?

AVG: Influye de manera negativa. El uso excesivo disminuye la capacidad de comprensión, análisis y organización.

Cuando un niño pasa mucho tiempo expuesto a estímulos constantes y rápidos, su cerebro se acostumbra a esa velocidad. Luego, cuando está frente a una clase, una lectura o una tarea que requiere otro ritmo, le cuesta sostener la atención.

Por eso existe una relación clara: mientras mayor sea el tiempo frente a pantallas, menor puede ser la capacidad de atención y concentración.

ROM: ¿Qué relación puede existir entre el tiempo frente a pantallas y el rendimiento académico?

AVG: La relación es directa. Si el niño no descansa bien, no se concentra y no logra organizar sus ideas, su rendimiento académico se ve afectado.

El aprendizaje necesita atención, memoria, comprensión y análisis. Cuando el estudiante llega cansado, irritable o sobreestimulado, tiene más dificultades para cumplir con las actividades escolares. Esto no afecta solamente una materia, sino su desempeño en general.

ROM: ¿El uso de pantallas puede afectar el sueño o el descanso de los menores? ¿De qué manera?

AVG: Sí, afecta profundamente porque genera sobreestimulación. Por eso siempre recomendamos a los padres evitar las pantallas al menos una hora antes de dormir.

No solo cuesta más conciliar el sueño, sino que también puede afectar la calidad del descanso. El niño necesita llegar al sueño profundo, porque ese descanso es fundamental para su crecimiento, su memoria y su rendimiento escolar.

Los niños deberían descansar entre 10 y 12 horas, y los adolescentes al menos 8 horas. Antes de dormir, lo ideal es bajar luces, reducir ruidos y crear un ambiente más tranquilo.

ROM: ¿Qué cambios conductuales pueden aparecer cuando un niño pasa demasiado tiempo expuesto a pantallas?

AVG: Pueden aparecer conductas más impulsivas, agresivas o instintivas. También se ven llantos, pataletas, dificultad para expresar emociones y problemas de socialización.

La pantalla ofrece respuestas rápidas y estímulos inmediatos. Entonces, cuando el niño se enfrenta a una situación donde tiene que esperar, compartir o tolerar un “no”, le cuesta mucho más.

Esto se traslada a la escuela, a la casa y a la relación con otros niños.

ROM: ¿Cómo influye el uso de pantallas en la tolerancia a la frustración y en la capacidad de esperar?

AVG: Influye bastante. La pantalla acostumbra al niño a la inmediatez. Todo aparece rápido, todo cambia rápido y todo responde rápido.

Pero la vida real no funciona así. En una clase hay que esperar turnos, escuchar, equivocarse, intentar de nuevo y resolver problemas. Cuando el niño no desarrolla esa capacidad de espera, aparece la frustración, la irritabilidad o incluso la agresividad.

Por eso es importante que los niños también tengan espacios de juego libre, conversación, deporte, lectura y actividades sin pantalla.

ROM: ¿Qué diferencia existe entre un niño que usa pantallas con acompañamiento adulto y uno que las usa sin supervisión?

AVG: La diferencia es enorme. El acompañamiento adulto es indispensable, no solo para controlar el tiempo, sino también para revisar si el contenido es adecuado para la edad.

Sin supervisión, el peligro no es solamente la adicción o el exceso de tiempo. También hay riesgos de seguridad. Hay niños que pueden chatear con desconocidos, dar sus nombres, direcciones o información familiar sin entender el peligro.

Un niño pequeño todavía no tiene el filtro ni el pensamiento crítico de un adolescente o de un adulto. Por eso necesita guía.

ROM: ¿La solución es prohibir las pantallas o enseñar a utilizarlas mejor?

AVG: No creo que la solución sea prohibir al 100%. Hoy vivimos en una realidad digital y también existen plataformas educativas, aplicaciones y herramientas que ayudan al aprendizaje.

El problema no es el uso, sino el acceso libre, sin límites y sin conciencia de los peligros. La tecnología puede ser útil si tiene un objetivo claro y si está acompañada por un adulto.

Cada familia tiene su propio criterio de crianza, pero desde lo profesional considero que no podemos aislar completamente a los niños de la tecnología. Lo importante es enseñarles a usarla mejor.

ROM: ¿Qué errores suelen cometer los padres cuando entregan un celular, una tableta o acceso libre a internet?

AVG: Uno de los errores más frecuentes es entregar el dispositivo sin reglas claras. A veces se da una tablet o un celular para que el niño se entretenga, se calme o no moleste, pero no se revisa qué ve, cuánto tiempo lo usa o con quién interactúa.

También ocurre que los padres se cansan de discutir y terminan cediendo. Pero ahí es cuando más importante se vuelve recuperar el rol adulto. Los niños necesitan límites, aunque al principio no les guste.

ROM: Usted también es madre. ¿Cómo maneja el uso de pantallas con sus propios hijos?

AVG: Mis hijos tienen tablets que compramos durante la pandemia para sus clases virtuales. Desde entonces, uso la aplicación Family Link, enlazada a sus correos.

Ellos no manejan WhatsApp ni redes sociales. A través de la aplicación puedo definir horarios de bloqueo, qué aplicaciones pueden usar y cuánto tiempo pueden estar en cada una. Por ejemplo, puedo permitir 30 minutos de YouTube y dejar más tiempo para una plataforma educativa.

Además, mis hijos tienen doble escolaridad y practican deportes como básquet y fútbol, lo que reduce el tiempo sedentario y les da otras actividades fuera de la pantalla.

ROM: ¿Qué herramientas o estrategias utiliza en casa para regular tiempos y contenidos?

AVG: Uso Family Link para regular tiempos, horarios y aplicaciones. Pero la herramienta no lo resuelve todo. También es importante conversar con ellos, explicarles por qué hay límites y ofrecer alternativas.

A veces los adultos solo quitamos la pantalla, pero no ofrecemos otra opción. Es importante compartir tiempo con los hijos, jugar, leer, salir al parque o conocer también lo que a ellos les gusta.

Incluso con algunos juegos, en lugar de satanizarlos, se puede acompañar. Yo me siento con mis hijos, veo qué juegan y comparto ese momento. Eso también permite conocer su mundo.

ROM: ¿Qué recomendaciones prácticas daría a las familias que sienten que han perdido el control sobre el uso de pantallas?

AVG: Primero, que tomen las riendas y no se dejen vencer. La tecnología no se va a ir, así que tenemos que aprender a usarla a nuestro favor.

También recomiendo establecer límites claros, revisar contenidos, usar herramientas de control parental y buscar ayuda profesional cuando la situación ya se salió de control.

Otra recomendación importante es compartir tiempo de calidad. Muchas veces el niño va a preferir estar con sus papás, jugar, conversar o hacer algo juntos, si se le ofrece una alternativa real y atractiva.

ROM: Si tuviera que dejar un mensaje final a padres, docentes y estudiantes, ¿cuál sería?

AVG: Que tomemos la batuta. El trabajo debe ser conjunto: padres apoyando a docentes y docentes apoyando a padres, siempre buscando lo mejor para el desarrollo de los estudiantes.

Mi recomendación principal sería no tener miedo a ser papás. No se dejen ganar por las pantallas. Hay que poner límites, acompañar y buscar apoyo cuando sea necesario.

La tecnología puede ser una herramienta, pero no debe convertirse en un obstáculo para el crecimiento de nuestros hijos.

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Reflexión final

La entrevista con Alejandra Villa González deja una idea central: las pantallas no van a desaparecer de la vida de los menores, pero los adultos no pueden renunciar a su papel de guía. La crianza digital no se trata solo de controlar dispositivos, sino de recuperar presencia, conversación y acompañamiento.

En tiempos de estímulos rápidos, límites difusos y acceso constante a contenidos digitales, el desafío no es desconectar por completo a los niños, sino enseñarles a vivir conectados con criterio, responsabilidad y equilibrio.


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